Actitud y comunicación son dos pilares fundamentales para gestionar los inconvenientes a los que nos enfrentamos, ya no sólo en lo profesional sino también en lo personal. Y el optimismo debe ser lo adecuado para lograr nuestras expectativas empresariales, laborales y sociales. 

Las personas que utilizan este arte de ser positivo se pueden definir como que tienen la capacidad de considerar un cambio como una oportunidad y no como un riesgo y así aprender a hacer frente al conflicto en cuestión.  

Además, de su actitud depende también la del equipo y, por tanto, el alcance del proyecto. Un líder optimista afronta la realidad de forma creativa, innovadora y transformadora, adaptándose así al cambio.  

Los resultados de ser un líder optimista se pueden conseguir a través de una combinación de acciones, habilidades y comportamientos positivos y a continuación te dejamos una lista de ellos.  

  • Enfrentarse a los conflictos ya que ayudan a desarrollar el liderazgo y las habilidades interpersonales. Lo ideal es desvincularse emocionalmente y observar con objetividad lo que sucede.  
  • Recordar lo positivo que ha ocurrido durante el día fortalece la actitud positiva.  
  • Comunicar las buenas noticias y celebrar los triunfos con el equipo de trabajo. 
  • Utilizar un feedback positivo para reforzar todo lo que se hace bien. 
  • Ser empáticos.  

En definitiva, para una buena gestión de equipos de trabajo debe haber un líder resolutivo y que trate de mejorar la situación. Practicar el optimismo fortalece el compromiso del equipo, potenciando el talento y el valor de las personas.