1. Piscinas naturales de A chavasqueira (Ourense)

 

Estas piscinas son propiamente unas termas. Sus aguas emergen a 62,6º y llegan a las piscinas a 43º. Se habla de sus beneficios para la salud, como tratamiento contra la artrosis, el acné o la dermatitis. Son conocidas como Caldas de Obispo porque fue tal figura la que mandó acondicionar la zona para el baño.

 

  1. Piscina natural de Aniol d’Aguja (Girona)

 

En la comarca de La Garrotxa, Girona, la poza refrescante del Gorg blau de Sant Aniol es un estímulo permanente para los viajeros que se deciden por el senderismo en la comarca. La ruta para llegar hasta aquí es un atractivo en sí mismo por la historia local con sus leyendas y el entorno natural.

 

  1. Charco Azul de Chulilla (Valencia)

 

A su paso por Chulilla, en el Parque Natural de Los Calderones, el río Turia ha creado imponentes cañones y barrancos, convirtiendo la zona en una de las favoritas de los barranquistas. Entre las paredes rocosas, tras caminar por el sendero SL-CV72, nos encontramos con el Charco Azul. Una piscina de aguas turquesas en la que hoy su embarcadero se ha convertido en uno de los lugares más fotografiables de la zona. La poza fue creada por los árabes con la construcción de una presa que les ayudase a regar las huertas colindantes al pueblo. Además de darte un refrescante baño en ella, te recomendamos realizar la ruta de los puentes colgantes.

 

  1. Piscinas naturales en la Sierra de Gata (Cáceres)

 

Acebo (L’Acebu) es un pintoresco pueblo de la Sierra de Gata, y, según sus habitantes, «famoso por sus encajes de bolillo y las naranjas». Lo encontrarás en Cáceres, al noroeste, cerquita de la frontera con Portugal y a resguardo en las faldas del monte Jálama. A 2 km del pueblo en dirección a Ciudad Rodrigo te toparás con las piscinas naturales Jevero y Carreciá y con los servicios de bar.

 

  1. Piscina natural de la Fontcalda (Tarragona)

 

La Fontcalda está en Gandesa (Tarragona). Ajustado entre montañas, junto al río Canaletes, el balneario de la Fontcalda es una sorpresa para los senderistas. La carretera que une Gandesa con Benifallet, la C-43, da acceso por una pista forestal hasta el lugar. Cerca, el Santuario del s. XIV y el escenario imborrable de la Batalla del Ebro de la Guerra Civil, al que se le ha dedicado un museo.

 

  1. Piscina natural de la Garganta de los Infiernos (Cáceres)

 

Le faltaba al Valle del Jerte, en Cáceres, unas piscinas naturales como las de la Garganta de los Infiernos para tenerlo todo. Y todo es, incluso, las cerezas del Jerte, el fruto de ese milagro blanco de la primavera. La Garganta de los Infiernos es una Reserva Natural en la Sierra de Gredos y es el lugar desde donde se accede a Extremadura desde Ávila. Estas no son las únicas pozas, pero sí las más famosas del lugar. Conocidas también como pilones, hay interesantes rutas que cruzan cascadas, pozas y la flora y fauna de este lugar cacereño.

 

  1. Piscina natural de Fuentes del Algar (Alicante)

 

Les Fonts de l’Algar están en Alicante, a 15 km de Benidorm y a 3 km de Callosa d’en Sarrià. Si alguien le ha puesto pega a tanta maravilla se debe a la sobresaturación de visitantes. Se declaró en 2002 Zona Húmeda protegida y aunque conserva un grado excelente de conservación medioambiental, también ha integrado servicios turísticos algo invasivos. No obstante, es indudable su conservación y el valor que otorgan a la educación medioambiental a través de información, rutas, etc. Los adultos pagan 4€ y los niños, 3€.

 

  1. Piscina natural de Chorreras del Cabriel

 

En Cuenca, en el término de Enguídanos, encontrarás el lugar conocido como Chorreras del Cabriel, en el curso del río Cabriel. El paraje se ha definido como «un caos de saltos y cascadas, cuevas laterales y pozas de color esmeralda al pie de espumeantes rabiones salvajes». Parece acertado. Desde el embalse de Víllora hasta que el Cabriel se une con el Guadazaón (Junta de los Ríos), hay toda una zona de piscinas naturales en Cuenca.

 

  1. Pozas de Mougás (Pontevedra)

 

Hasta llegar al mar, diferentes ríos corren nerviosos a través de valles, saltos y pozas por la Serra da Groba. Es el concello de Oia, en Pontevedra, y los ríos que tratamos aquí los de Mougás y Pías. La carretera que une A Guarda y Baiona, la C-550, es la que necesitaréis alcanzar para llegar a las pozas. Cerca de las piscinas naturales de Rego das Pías se dispuso un área recreativa.

 

  1. Piscina natural de Cantonigrós (Barcelona)

 

Muy cerca del precioso pueblo de Rupit, en Santa María de Corcó (Barcelona) se encuentra Cantonigròs (o Cantoni). El lugar se suele visitar por dos motivos: por el Festival Internacional de Música (en julio) y por el paraje de La Foradada. El nombre hace referencia al hueco (forat, en catalán) que forma la roca. A su lado, una cascada de 15 m crea, con un juego de luces, un ambiente muy especial al que acceden personas de todas las edades después de una excursión de unos 20 minutos.

 

  1. Piscinas naturales de Pou Clar d’Ontinyent (Valencia)

 

En Ontinyent, término de la provincia de Valencia, nace el río Clariano. Este es el responsable de las piscinas naturales de Pou Clar. Nada más brotar, el río ha conformado, unos metros más allá, pozos de agua cristalina a fuerza de pulir y horadar la roca. Cada pozo tiene un nombre (el dels esclaus, el gelat, el fosc…). En coche, puedes llegar a través de la CV-81, entre Ontinyent y Bocairent, y tomando el desvío hacia Fontanars dels Alforins, donde encontrarás un aparcamiento.

 

  1. Piscina natural de Las Presillas (Madrid)

 

En plena Sierra de Guadarrama el río Lozoya presta su descanso apacible a los veraneantes acalorados. Rodeada de montañas y de praderas, la piscina natural de Las Presillas parece un oasis.